La respiración es una de las bases del método Pilates, pero también una de las partes que más confusión genera al principio. Muchas personas llegan a clase pensando que respirar es algo automático, que no necesita explicación, y se sorprenden cuando descubren que coordinar la respiración con el movimiento no siempre resulta tan sencillo.
En Pilates no respiramos “porque sí”. La respiración ayuda a preparar el movimiento, a organizar el tronco, a reducir tensiones innecesarias y a mejorar la calidad de cada ejercicio. No se trata de respirar de una forma rígida o artificial, sino de aprender a usar la respiración como una herramienta más dentro del trabajo corporal.
En Alameda Studio Pilates Center, en Santander, damos mucha importancia a esta parte porque condiciona todo lo demás: la postura, la estabilidad, la movilidad de la columna, el control abdominal, la organización de las costillas y la forma en que el cuerpo responde durante la clase.
Si estás empezando, puede que al principio te parezca demasiada información: inspira, exhala, activa, alarga, estabiliza, no bloquees el cuello, no subas los hombros, mantén la pelvis... Es normal. La respiración en Pilates se aprende poco a poco, igual que se aprende a colocar mejor el cuerpo o a moverse con más precisión.
- Por qué la respiración es tan importante en Pilates
- El mecanismo básico de la respiración
- El diafragma: mucho más que un músculo respiratorio
- Costillas, intercostales y movilidad torácica
- Abdomen, suelo pélvico y control del tronco
- Los músculos accesorios: cuando respirar se vuelve demasiado tenso
- Problemas habituales cuando respiramos mal durante el ejercicio
- Respiración diafragmática y respiración lateral costal
- Cómo se usa la respiración durante los ejercicios de Pilates
- Beneficios de trabajar la respiración en Pilates
- Tres ejercicios sencillos para practicar la respiración
- Respirar mejor también se aprende
- Respiración y Pilates en Santander
Por qué la respiración es tan importante en Pilates
Respirar es un proceso automático, pero eso no significa que siempre respiremos de la manera más eficiente posible. El estrés, la vida sedentaria, las horas frente al ordenador, la tensión cervical, la falta de movilidad torácica o incluso la costumbre de mantener el abdomen demasiado rígido pueden alterar nuestra forma de respirar.
Muchas personas respiran de forma superficial, elevando demasiado los hombros o utilizando en exceso la musculatura del cuello. Otras apenas mueven las costillas. Otras bloquean la respiración cuando hacen fuerza. Y esto, dentro de una clase de Pilates, se nota mucho.
Cuando respiramos mejor, el movimiento suele mejorar. La columna se organiza con más facilidad, las costillas se mueven con más libertad, el abdomen profundo trabaja de forma más coordinada y el cuerpo aprende a generar estabilidad sin caer en la rigidez.
Por eso, en Pilates, la respiración no es un añadido relajante al final de la clase. Está presente desde el primer ejercicio hasta el último.
También puedes leer nuestro artículo sobre 10 trucos para mejorar tu respiración en Pilates, donde damos pautas sencillas para alumnos que están empezando.
El mecanismo básico de la respiración
Respirar implica mucho más que llenar y vaciar los pulmones. Cada inspiración y cada espiración requieren la participación coordinada del diafragma, las costillas, la musculatura intercostal, los abdominales, la columna, la pelvis y, en determinadas situaciones, otros músculos accesorios.
Durante la inspiración, el diafragma desciende y las costillas se expanden. Esto aumenta el volumen de la caja torácica y facilita la entrada de aire. Durante la espiración, el diafragma asciende, las costillas vuelven hacia dentro y el aire sale de los pulmones.
Hasta aquí parece sencillo. Pero en la práctica, muchas personas no movilizan bien la caja torácica, no dejan descender el diafragma con libertad o compensan utilizando demasiado el cuello y los hombros.
En Pilates buscamos que la respiración sea más consciente, más amplia y mejor coordinada con el movimiento. No para obsesionarnos con respirar “perfecto”, sino para que el cuerpo tenga más recursos.
El diafragma: mucho más que un músculo respiratorio
El diafragma es el principal músculo de la respiración. Se encuentra debajo de los pulmones y separa la cavidad torácica de la abdominal. Cuando inhalamos, se contrae y desciende. Cuando exhalamos, se relaja y asciende.
Pero su papel no se limita a mover aire. El diafragma también participa en la regulación de la presión interna del abdomen y en la estabilidad del tronco. Su relación con la columna lumbar, las costillas, el suelo pélvico y la musculatura profunda del abdomen hace que su función sea muy importante dentro del movimiento.
Por eso, cuando una persona respira de forma muy superficial o mantiene demasiada tensión en el abdomen, el cuello o la caja torácica, puede costarle más coordinar respiración, postura y movimiento.
En Pilates no buscamos “forzar” el diafragma, sino darle espacio para trabajar mejor. Para eso usamos ejercicios de respiración, movilidad torácica, control abdominal y conciencia corporal.
Costillas, intercostales y movilidad torácica
Los músculos intercostales se encuentran entre las costillas y participan en la expansión y cierre de la caja torácica. Su función es importante porque la respiración no debería ocurrir solo en el abdomen ni solo en la parte alta del pecho.
Una caja torácica rígida puede limitar la respiración y afectar también a la movilidad de la columna dorsal, a la posición de los hombros y a la sensación general de tensión en la parte alta de la espalda.
En Pilates trabajamos mucho la movilidad de las costillas. Aprender a expandirlas hacia los lados y hacia atrás permite respirar mejor sin elevar los hombros ni tensar el cuello.
Este trabajo es especialmente útil para personas que pasan muchas horas sentadas, trabajan con ordenador o sienten rigidez en la zona dorsal y cervical. En esos casos también puede interesarte nuestro artículo sobre dolor de cabeza por tensión en el cuello.
Abdomen, suelo pélvico y control del tronco
Los músculos abdominales participan en la espiración, especialmente cuando necesitamos vaciar el aire de forma más activa. También son fundamentales para estabilizar el tronco y controlar la posición de la pelvis y la columna.
En Pilates, la exhalación se utiliza muchas veces para facilitar la activación de la musculatura profunda del abdomen. Esto no significa apretar el vientre con fuerza ni bloquear la respiración. Significa aprender a coordinar respiración y control abdominal de forma más precisa.
El suelo pélvico también forma parte de este sistema. Diafragma, abdomen profundo, suelo pélvico y musculatura lumbar trabajan de manera coordinada para gestionar la presión interna y dar estabilidad al cuerpo.
Por eso la respiración tiene tanta relación con el control del centro, la estabilidad lumbo-pélvica y la calidad del movimiento. No es solo una instrucción estética. Afecta directamente a cómo se organiza el cuerpo durante el ejercicio.
Si quieres profundizar en este tema, puedes leer nuestro artículo sobre suelo pélvico y Pilates.
Los músculos accesorios: cuando respirar se vuelve demasiado tenso
Además del diafragma y los intercostales, existen músculos accesorios que pueden ayudar en la respiración cuando necesitamos más aire, por ejemplo durante un esfuerzo físico intenso. Entre ellos están algunos músculos del cuello, la parte alta de la espalda y la caja torácica.
El problema aparece cuando esos músculos trabajan más de la cuenta en situaciones normales. Si una persona respira elevando constantemente los hombros o tensando el cuello, puede acabar acumulando molestias en la zona cervical, los trapecios o la parte alta de la espalda.
En Pilates intentamos evitar esa respiración alta y tensa. Buscamos que el aire se distribuya mejor, que las costillas se muevan con más libertad y que el cuello no tenga que participar en exceso.
Esto no significa que haya una única forma correcta de respirar para todo. La respiración cambia según la postura, el esfuerzo, el ejercicio y la persona. Pero sí podemos aprender a reconocer cuándo estamos respirando con demasiada tensión.
Por encima de todo, aprende a respirar correctamente.
- Joseph H. Pilates
Problemas habituales cuando respiramos mal durante el ejercicio
Una respiración poco eficiente durante el ejercicio puede afectar a la calidad del movimiento. En Pilates lo vemos con frecuencia en personas que empiezan: contienen el aire cuando hacen fuerza, suben los hombros al inspirar, tensan la mandíbula, bloquean el abdomen o pierden la posición de la columna al respirar.
Estos patrones no son raros. De hecho, son bastante habituales. Pero conviene corregirlos porque pueden hacer que el ejercicio sea menos eficaz y más incómodo.
Algunos problemas frecuentes son:
- tensión excesiva en cuello y hombros;
- sensación de bloqueo al realizar ciertos movimientos;
- dificultad para activar el abdomen sin ponerse rígido;
- pérdida de control de la pelvis o de las costillas;
- fatiga prematura durante ejercicios que no deberían resultar tan agotadores;
- tendencia a contener el aire en los momentos de esfuerzo.
Aprender a respirar mejor no elimina automáticamente todos estos problemas, pero ayuda a que el cuerpo trabaje con más coordinación y menos tensión innecesaria.
Respiración diafragmática y respiración lateral costal
En Pilates solemos trabajar distintas formas de respiración, pero hay dos conceptos que conviene entender bien: la respiración diafragmática y la respiración lateral costal.
La respiración diafragmática ayuda a tomar conciencia del movimiento del diafragma y de la expansión del abdomen durante la inspiración. Es muy útil para aprender a respirar con menos tensión y para observar cómo se mueve el cuerpo al inhalar y exhalar.
La respiración lateral costal, muy utilizada en Pilates, busca expandir las costillas hacia los lados y hacia atrás, manteniendo cierta activación abdominal. Esto permite respirar sin perder tanto control del tronco durante los ejercicios.
Esta es una de las razones por las que en clase insistimos tanto en “abrir costillas” o en llevar el aire hacia los laterales de la caja torácica. No es una frase hecha. Es una forma de mantener la respiración activa sin soltar por completo el centro.
Cuando se entiende, cambia mucho la sensación de la clase. El alumno deja de pensar en la respiración como una orden externa y empieza a usarla para moverse mejor.
Cómo se usa la respiración durante los ejercicios de Pilates
En Pilates, la respiración suele acompañar al movimiento. Muchas veces inhalamos para preparar y exhalamos para ejecutar la parte más exigente del ejercicio. Sin embargo, esto puede variar según el objetivo, el nivel del alumno y el tipo de movimiento.
La exhalación puede ayudar a activar mejor el abdomen profundo, estabilizar el tronco y controlar el esfuerzo. La inhalación puede facilitar la expansión costal, la movilidad de la columna y la preparación del movimiento.
Al principio, es normal confundirse. El alumno está pendiente de demasiadas cosas: postura, respiración, piernas, brazos, abdomen, cuello, ritmo y nombre del ejercicio. Por eso no conviene obsesionarse. Respirar y moverse a la vez también se entrena.
Con la práctica, la respiración deja de sentirse como una instrucción añadida y empieza a integrarse dentro del movimiento.
Si estás empezando, también puedes leer nuestra guía de Pilates para principiantes.
Beneficios de trabajar la respiración en Pilates
Trabajar la respiración en Pilates puede aportar beneficios muy interesantes, siempre entendidos dentro de un programa de movimiento bien guiado y adaptado a cada persona.
Entre los más habituales están:
- mejor conciencia corporal;
- mayor movilidad de la caja torácica;
- mejor coordinación entre respiración y movimiento;
- menos tensión innecesaria en cuello, hombros y mandíbula;
- mejor control del abdomen profundo;
- más estabilidad del tronco durante los ejercicios;
- mayor capacidad para concentrarse durante la clase;
- sensación de calma y presencia durante el trabajo físico.
La respiración consciente también puede ayudar a gestionar mejor la tensión y el estrés, aunque no debe presentarse como un tratamiento médico ni como una solución única para problemas de ansiedad, sueño o salud cardiovascular. Puede ser una herramienta útil, pero siempre dentro de un enfoque más amplio.
En Pilates, su valor principal está en cómo mejora la calidad del movimiento. Respirar mejor permite moverse mejor.
Tres ejercicios sencillos para practicar la respiración
Estos ejercicios pueden ayudarte a tomar conciencia de tu respiración. Hazlos sin forzar, sin marearte y sin convertirlos en una competición. Si tienes alguna patología respiratoria, dolor, embarazo avanzado o cualquier duda médica, consulta antes con un profesional sanitario.
Respiración diafragmática tumbado
Túmbate boca arriba, con las piernas flexionadas y los pies apoyados en el suelo. Coloca una mano sobre el abdomen y otra sobre el pecho.
Inhala por la nariz, permitiendo que el abdomen se expanda suavemente. No empujes con fuerza. Solo observa cómo entra el aire. Exhala despacio por la boca y nota cómo el abdomen vuelve hacia dentro de forma natural.
Intenta mantener el cuello, la mandíbula y los hombros relajados. El objetivo no es llenar el cuerpo de aire a toda costa, sino respirar con más calma y menos tensión.
Respiración lateral costal
Túmbate boca arriba, con las piernas flexionadas y las manos colocadas sobre los laterales de las costillas.
Inhala por la nariz intentando expandir las costillas hacia los lados y hacia atrás, como si quisieras ensanchar la caja torácica. Exhala por la boca sintiendo cómo las costillas se cierran suavemente.
Evita subir los hombros. La sensación debería estar más en las costillas que en el cuello. Este ejercicio es muy útil para entender la respiración que usamos con frecuencia en Pilates.
Respiración lateral en posición de lado
Túmbate de lado, con la cabeza apoyada de forma cómoda y la mano superior sobre las costillas. Inhala llevando el aire hacia el costado que queda arriba. Nota cómo se expande esa zona. Exhala y siente cómo las costillas vuelven hacia dentro.
Esta posición ayuda a percibir mejor la expansión lateral, especialmente en personas a las que les cuesta movilizar la caja torácica.
Respirar mejor también se aprende
Muchas personas se frustran al principio porque no consiguen coordinar bien la respiración con los ejercicios. No pasa nada. Es parte del proceso.
En una clase de Pilates hay mucha información nueva: alineación, ritmo, control, respiración, activación, movilidad y atención. Pretender hacerlo todo perfecto desde el primer día no es realista.
Lo importante es ir construyendo la habilidad poco a poco. Primero reconocer cómo respiras. Después aprender a movilizar mejor las costillas. Luego coordinar la exhalación con el esfuerzo. Más adelante, mantener la respiración sin perder estabilidad.
Con el tiempo, lo que al principio parecía complicado empieza a salir de manera mucho más natural.
Respiración y Pilates en Santander
En Alameda Studio Pilates Center trabajamos la respiración como parte del método, no como un detalle secundario. La usamos para mejorar la movilidad, organizar el tronco, reducir tensiones innecesarias y ayudar a que cada alumno entienda mejor cómo se mueve.
Si quieres empezar Pilates en Santander o mejorar tu forma de practicarlo, puedes contactar con nosotros y contarnos tu caso. Te orientaremos según tu experiencia, tus horarios, tus objetivos y cualquier lesión o molestia que debamos tener en cuenta.
También puedes consultar la página de tu primera visita a Alameda Studio Pilates Center para saber cómo empezar.
Alameda Studio Pilates Center
Pilates en Santander desde 2007
Teléfono: 942 038 333
WhatsApp: 611 474 021
Web: www.alamedastudio.es

Fran J. Cousillas
Codirector de Alameda Studio Pilates. Titulado en danza clásica, formado en Pilates por Polestar y especializado en biomecánica aplicada, nutrición y movimiento consciente.
He dedicado casi tres décadas a enseñar movimiento con rigor técnico y mirada crítica. Escribo sobre lo que aplico en el día a día en mis clases y sobre todo lo que la ciencia aporta al movimiento, la salud y el cuerpo humano.


