El ejercicio físico y el método Pilates ayudaron a muchas personas a mantener una rutina de movimiento durante el confinamiento de 2020. Este artículo conserva el contexto de aquellos meses y añade una revisión de la evidencia sobre actividad física y COVID-19, con las precauciones necesarias cuando persisten síntomas después de la infección.
Publicado originalmente el 29 de junio de 2020. Revisión del contenido y de las fuentes: . Los aforos y las medidas de acceso descritos más abajo pertenecen a 2020; se conservan como información histórica del centro.
El contexto de 2020
El confinamiento alteró de forma brusca la actividad cotidiana. Dejamos de desplazarnos al trabajo, se interrumpieron las clases presenciales y muchas personas pasaron más tiempo sentadas, con menos oportunidades para caminar o entrenar. Además de perder las sesiones de ejercicio, desaparecieron numerosos movimientos que hacíamos sin planificarlos.
La preocupación de nuestro artículo original era ayudar a mantener esa actividad en unas circunstancias excepcionales. La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó recomendaciones para moverse en casa, interrumpir los periodos prolongados en posición sentada y organizar rutinas de actividad durante las restricciones. La propia OMS mantiene aquella página como referencia histórica y señala que ya no la actualiza. [1]
En Alameda Studio, en Santander, animamos a nuestros alumnos a seguir haciendo ejercicio mediante clases en directo por internet y vídeos publicados en nuestro canal de YouTube. Era una forma de mantener el contacto y acompañar la práctica cuando las clases presenciales estaban interrumpidas. Las indicaciones de entonces estaban ligadas a aquella situación; las recomendaciones sanitarias y las condiciones actuales del centro deben consultarse por sus canales vigentes.
La hipótesis sobre el SDRA
El texto de 2020 citaba una información de la Universidad de Virginia sobre el trabajo de Zhen Yan. Su revisión, publicada con Hannah R. Spaulding en Redox Biology, estudiaba la superóxido dismutasa extracelular, una enzima antioxidante conocida por las siglas EcSOD. Los autores reunían investigaciones en personas y animales sobre su relación con el ejercicio y la protección de distintos tejidos frente al estrés oxidativo. [2]
Entre las posibles aplicaciones planteaban una hipótesis sobre la lesión pulmonar aguda y el síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA), una complicación grave que puede aparecer en la COVID-19. La plausibilidad de ese mecanismo despertaba interés en los primeros meses de la pandemia.
El alcance de aquel trabajo debe quedar claro: no era un ensayo clínico que demostrara que hacer ejercicio, o practicar Pilates, evitara el SDRA en pacientes con COVID-19. Era una revisión de mecanismos y estudios previos que proponía posibilidades para investigar. Tampoco proporcionaba una pauta de ejercicio para tratar a una persona con una infección activa.
Qué aportaron los estudios posteriores
Después se publicaron investigaciones sobre la relación entre la actividad física habitual y la gravedad de la COVID-19. Un estudio de Sallis y colaboradores analizó a 48 440 adultos diagnosticados durante 2020 y comparó su evolución con los registros de actividad física declarada antes de la pandemia. Las personas que se mantenían inactivas presentaron mayores probabilidades de hospitalización, ingreso en cuidados intensivos y fallecimiento que quienes cumplían de manera constante las recomendaciones de actividad. [3]
Se trataba de un estudio observacional. Aunque sus análisis tuvieron en cuenta diversos factores de riesgo, no asignaron al azar a las personas a hacer ejercicio. Por eso sus resultados muestran una asociación y no permiten atribuir toda la diferencia al entrenamiento. La actividad era autodeclarada y los datos procedían de una etapa temprana de la pandemia: aquellas cifras no deben convertirse en una estimación personal de protección en 2026.
El estudio tampoco evaluaba el método Pilates como intervención específica. Apoya el interés de mantener una vida activa, pero no demuestra que una modalidad concreta prevenga la infección o sus complicaciones. Presentar el ejercicio como una garantía frente a la COVID-19 iría más allá de lo que permiten esos datos.
Qué puede aportar Pilates
El método Pilates permite organizar ejercicios de fuerza y resistencia muscular, movilidad y control del movimiento. La selección de ejercicios, la resistencia y los apoyos pueden ajustarse al nivel de cada persona. La respiración acompaña la ejecución y ayuda a coordinarla, sin que eso equivalga por sí mismo a un tratamiento de una enfermedad pulmonar.
Hay ensayos que han observado mejoras en determinadas capacidades físicas. En uno de ellos, 47 universitarias sanas completaron un estudio que comparó ocho semanas de Pilates suelo con la actividad cotidiana habitual. El grupo de Pilates mejoró en pruebas de flexibilidad, resistencia abdominal y equilibrio estático frente al grupo de control. [5] Era una muestra pequeña y concreta, sin pacientes con COVID-19; sus resultados no permiten prometer la misma evolución a todo el mundo ni extrapolarlos a la recuperación de una infección.
Para una persona que puede hacer ejercicio sin restricciones clínicas, Pilates puede formar parte de una rutina junto con caminar, montar en bicicleta u otras actividades que disfrute. La OMS recomienda a los adultos entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica moderada, o entre 75 y 150 de actividad vigorosa, o una combinación equivalente, además de trabajo de fuerza de los principales grupos musculares al menos dos días por semana. También aconseja reducir el tiempo sedentario. [4]
La contribución de una clase a esos objetivos depende de su contenido y de la intensidad real. Una sesión centrada en la técnica y el control no cubre necesariamente el componente aeróbico. Estas referencias generales tampoco son una pauta de recuperación tras la COVID-19: ante síntomas persistentes, la actividad necesita una valoración diferente.
Si persisten los síntomas
La actualización de este artículo requiere distinguir la actividad habitual de la situación de quien sigue encontrándose mal después de la infección. La afección pos-COVID-19, también llamada COVID persistente o prolongada, puede incluir fatiga, dificultad para respirar, alteraciones del sueño y problemas de concentración. Su intensidad y su evolución varían, y puede limitar las actividades cotidianas. [6]
El empeoramiento después del esfuerzo merece especial atención. Los CDC describen el malestar posesfuerzo como un agravamiento de los síntomas tras actividades físicas o mentales incluso pequeñas; puede aparecer entre 12 y 48 horas después y durar días o semanas. Sentirse relativamente bien durante una clase no basta para saber cómo se ha tolerado. [8]
La guía clínica de la OMS de junio de 2025 indica que, antes de plantear entrenamiento físico en adultos con afección pos-COVID-19, deben descartarse y tratarse las alteraciones cardiacas y la disminución de oxígeno con el esfuerzo. La presencia de empeoramiento posesfuerzo o de intolerancia al permanecer de pie exige adaptar la rehabilitación para evitar un deterioro. Para el empeoramiento posesfuerzo propone educación y técnicas de conservación de energía, como distribuir la actividad y los descansos según la capacidad de la persona. [7]
Por tanto, no debe recomendarse un aumento automático del ejercicio ni insistir en completar una clase cuando aparecen esos problemas. El dolor torácico, las palpitaciones o una dificultad respiratoria nueva o desproporcionada requieren valoración sanitaria. El regreso a las clases debe respetar la evolución y las indicaciones del equipo que atiende a la persona. Una clase ordinaria de Pilates no sustituye un programa de rehabilitación clínica. [7, 8]
La «nueva normalidad» de 2020
La versión original recogía las medidas que Alameda Studio había establecido para reanudar las clases presenciales. Las mantenemos aquí como testimonio de aquella etapa, con su fecha y su contexto. Esta relación no describe las normas actuales de acceso ni los aforos actuales del centro.
Al acceder se indicaban mascarilla quirúrgica obligatoria, entrada escalonada para evitar aglomeraciones, desinfección del calzado y uso de gel hidroalcohólico. Durante las clases se exigían mascarilla quirúrgica, toalla personal y distancia de seguridad. El artículo señalaba entonces un aforo de cinco personas en aparatos y seis en suelo, sujeto a la normativa de aquel momento.
Entre clases se describían la limpieza de los aparatos, las colchonetas y los elementos utilizados, y la ventilación de las aulas. Enumerar aquellas actuaciones conserva la historia del centro; no permite garantizar ausencia de contagios ni trasladar sin revisión cada medida a la práctica actual.
También hablábamos de una trayectoria de más de doce años, referida a la fecha de publicación de junio de 2020. El propósito de las clases era acompañar el trabajo de fuerza, equilibrio, respiración y control postural con ejercicios adaptados. La respuesta al entrenamiento depende de la situación de partida, la práctica y las circunstancias de cada persona; los objetivos deben ajustarse a esas diferencias.
Mantener la actividad con información bien contextualizada
El confinamiento mostró cuánto movimiento puede perderse al cambiar nuestra vida cotidiana y el valor de disponer de alternativas para seguir activos. La evidencia posterior apoya los beneficios generales de la actividad física, con límites claros al interpretar su relación con la COVID-19. Pilates puede formar parte de esa práctica habitual; cuando hay síntomas persistentes, las decisiones sobre esfuerzo y recuperación deben ajustarse a la situación clínica.
Fuentes consultadas
- Organización Mundial de la Salud. Coronavirus disease (COVID-19): Staying active. 27 de marzo de 2020. Página histórica sobre actividad durante las restricciones.
- Yan Z, Spaulding HR. Extracellular superoxide dismutase, a molecular transducer of health benefits of exercise. Redox Biology. 2020;32:101508. Revisión citada en el artículo original; hipótesis mecanística, no ensayo de prevención de la COVID-19.
- Sallis R y colaboradores. Physical inactivity is associated with a higher risk for severe COVID-19 outcomes: a study in 48 440 adult patients. British Journal of Sports Medicine. 2021;55:1099-1105. DOI: 10.1136/bjsports-2021-104080.
- Organización Mundial de la Salud. Actividad física. 26 de junio de 2024. Beneficios generales y recomendaciones por grupos de población.
- Kibar S y colaboradores. Can a pilates exercise program be effective on balance, flexibility and muscle endurance? A randomized controlled trial. Journal of Sports Medicine and Physical Fitness. 2016;56:1139-1146.
- Organización Mundial de la Salud. Afección pos-COVID-19 (COVID-19 prolongada). 26 de febrero de 2025.
- Organización Mundial de la Salud. Clinical management of COVID-19: living guideline, June 2025. Publicada el 15 de julio de 2025. Apartados de rehabilitación, señales de alerta y empeoramiento de síntomas posesfuerzo.
- Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Long COVID Clinical Guidance. 9 de marzo de 2026. Atención individualizada y malestar posesfuerzo.
Lecturas y recursos de Alameda
Para ampliar la información sobre actividad cotidiana: Los riesgos de la vida sedentaria.
Para consultar los recursos de práctica fuera del centro: Pilates en casa y nuestro canal de vídeos de Alameda Studio.
Si estás valorando clases presenciales en Santander, puedes consultar cómo es tu primera visita a Alameda Studio o contactar con el centro para preguntar por las opciones y las condiciones actuales. Si tienes limitaciones tras la COVID-19, indica las recomendaciones sanitarias que deban respetarse al plantear tu actividad.

