Dormir bien no es un lujo ni una manía: es una necesidad biológica básica. Sin embargo, muchas personas sufren insomnio o tienen problemas frecuentes para dormir, y eso termina afectando mucho más que la noche. En Alameda Studio, donde llevamos más de 18 años impartiendo clases de Pilates en Santander, sabemos que el bienestar no depende solo del ejercicio. El descanso, la exposición a la luz, el nivel de estrés, los horarios y los hábitos diarios también influyen de forma directa en cómo te sientes, cómo piensas y cómo rindes.
Artículo actualizado y ampliado en abril de 2026 para incorporar la evidencia científica más reciente sobre insomnio, calidad del sueño e higiene del sueño, y para añadir recomendaciones más útiles sobre cuándo conviene consultar y cuándo la terapia cognitivo-conductual para el insomnio pasa a ser la opción más eficaz.
Cuando dormir mal se vuelve costumbre, el problema no se queda solo en la cama. Aparecen cansancio durante el día, peor concentración, más irritabilidad, más errores, más sensación de ir arrastrándose por la jornada y, a medio y largo plazo, un empeoramiento general de la salud. Por eso conviene tomarse el sueño en serio antes de que el insomnio se convierta en una rutina enquistada.
- Qué es el insomnio y cuándo deja de ser una mala racha
- Factores que afectan a la calidad del sueño
- Problemas derivados del insomnio
- Siete consejos para dormir mejor y combatir el insomnio
- 1. Mantén una hora estable para acostarte y levantarte
- 2. Dale al sueño tiempo y condiciones reales
- 3. Convierte el dormitorio en un sitio que invite a dormir
- 4. Reduce pantallas, luz intensa y activación mental por la noche
- 5. Haz ejercicio con regularidad, pero ajusta bien el momento
- 6. Vigila la cafeína, el alcohol, la nicotina y las cenas tardías
- 7. Si no mejoras, no te limites a tener higiene del sueño: pide ayuda
- Secuencia de relajación que puedes probar antes de dormir
- Cuándo conviene consultar con un profesional
- Dormir bien también se entrena
- Fuentes científicas y médicas
Qué es el insomnio y cuándo deja de ser una mala racha
El insomnio no consiste solo en tardar algo más en dormirte una noche concreta. Hablamos de insomnio cuando hay dificultad para conciliar el sueño, mantenerlo, volver a dormirse tras despertarse o cuando aparece un despertar demasiado temprano, y todo eso se acompaña de consecuencias durante el día, como fatiga, baja energía, irritabilidad o problemas de atención y concentración.
Cuando estas dificultades aparecen varias veces por semana durante al menos tres meses, pese a tener oportunidad razonable de dormir, ya hablamos de un problema más serio y más próximo a lo que las guías clínicas consideran insomnio crónico. Ese matiz es importante, porque no todo mal dormir puntual requiere la misma preocupación ni el mismo enfoque.
Factores que afectan a la calidad del sueño
Uno de los enemigos más habituales del sueño es el estrés. No hace falta estar atravesando una gran crisis para dormir mal. Basta con una cabeza demasiado activada, preocupaciones acumuladas o una sensación de alerta mantenida para que al cuerpo le cueste entrar en modo descanso. Cuanto más pendiente estás de dormir, más fácil es que te pongas nervioso precisamente por no conseguirlo.
También empeoran mucho el sueño los horarios irregulares, los cambios frecuentes en la hora de acostarse y levantarse, el trabajo a turnos, el jet lag y la costumbre de compensar las noches malas durmiendo de más cuando se puede. El reloj biológico funciona mejor con cierta estabilidad.
La falta de movimiento durante el día tampoco ayuda. Una vida demasiado sedentaria, con poca luz natural y demasiadas horas sentado, suele empeorar tanto el descanso como la sensación de energía al día siguiente. En cambio, moverse con regularidad y no caer en los riesgos de la vida sedentaria puede marcar una diferencia bastante clara.
La alimentación y los estimulantes cuentan más de lo que parece. Cenar muy tarde o muy pesado, abusar de la cafeína, usar alcohol para caer rendido o fumar cerca de la hora de acostarse son errores bastante comunes. La cafeína puede seguir interfiriendo varias horas después; el alcohol puede dar sueño al principio, pero rompe el descanso; y la nicotina actúa como estimulante.
La habitación también importa. Dormir en un entorno con demasiado ruido, demasiado calor, demasiada luz o una cama incómoda no facilita precisamente que el cerebro asocie ese espacio con el descanso. Mantener el dormitorio oscuro, tranquilo, fresco y razonablemente ordenado sigue siendo una de las recomendaciones más sensatas.
Y luego está la parte médica, que no conviene pasar por alto. Hay problemas que empeoran mucho el sueño o directamente lo rompen: ansiedad, depresión, dolor crónico, síndrome de piernas inquietas, apnea del sueño, algunos tratamientos farmacológicos o determinados trastornos hormonales y metabólicos. Por eso no siempre basta con tener mejores hábitos: a veces hay que buscar la causa de fondo.
Problemas derivados del insomnio
Cuando se duerme mal de forma mantenida, el cuerpo y la mente lo terminan notando. Uno de los efectos más comunes es la fatiga persistente, esa sensación de ir justo de energía incluso aunque el día apenas haya empezado. A esto se suman los problemas de concentración, memoria y claridad mental, que pueden afectar tanto al trabajo como a la vida cotidiana.
También es frecuente que aparezcan irritabilidad, peor tolerancia al estrés, ansiedad o bajo estado de ánimo. Dormir mal no crea por sí solo todos los problemas emocionales, pero sí puede empeorarlos claramente o hacer que se vivan con menos margen.
La falta de sueño también aumenta el riesgo de errores y accidentes, especialmente al conducir o al realizar tareas que requieren atención sostenida. Además, el sueño insuficiente se ha relacionado con mayor riesgo de obesidad, alteraciones metabólicas, hipertensión, enfermedad cardiovascular y empeoramiento general de la salud.
En otras palabras, dormir mal no es solo estar cansado. Es vivir con menos capacidad física, mental y emocional de la que podrías tener.
Siete consejos para dormir mejor y combatir el insomnio
1. Mantén una hora estable para acostarte y levantarte
Este sigue siendo uno de los consejos más eficaces y menos vistosos. Acostarte y levantarte a horas parecidas ayuda a reforzar el ritmo circadiano y hace que el cuerpo sepa mejor cuándo tiene que activarse y cuándo tiene que bajar revoluciones. Lo ideal es que la diferencia entre la semana y el fin de semana no sea grande.
2. Dale al sueño tiempo y condiciones reales
Dormir bien no depende solo de querer dormir. También depende de reservar suficiente tiempo para ello y de no intentar meter el descanso en los huecos que sobran. En adultos, la recomendación general actual es dormir al menos 7 horas al día, aunque muchas personas se mueven mejor dentro de un rango algo más amplio. La calidad importa tanto como la cantidad.
3. Convierte el dormitorio en un sitio que invite a dormir
La habitación debería ser un lugar asociado al descanso. Una temperatura agradable, poca luz, poco ruido y una cama cómoda ayudan mucho más que cualquier truco sofisticado. También conviene que la cama no se convierta en oficina, cine, comedor y espacio para darle vueltas a todo a la vez.
4. Reduce pantallas, luz intensa y activación mental por la noche
La exposición a luz artificial y pantallas antes de dormir puede interferir con la preparación natural del sueño. No hace falta convertir esto en una obsesión, pero sí tiene bastante lógica apagar o apartar los dispositivos al menos media hora antes de acostarte y usar la última parte del día para bajar el nivel de estímulo. Si quieres profundizar en este punto, te interesa nuestro artículo sobre la luz azul y su relación con el descanso.
5. Haz ejercicio con regularidad, pero ajusta bien el momento
El ejercicio regular ayuda a dormir mejor, pero no siempre compensa hacer actividad muy intensa justo antes de acostarse. A muchas personas les va mejor mover el cuerpo antes. Aquí el Pilates puede ser una herramienta muy útil, porque combina movimiento, respiración, control corporal y una activación que no tiene por qué dejarte acelerado. Además, mejora la percepción corporal, reduce tensión y ayuda a crear una rutina más estable.
6. Vigila la cafeína, el alcohol, la nicotina y las cenas tardías
El café, el té, los refrescos con cafeína, el tabaco y el alcohol pueden empeorar el sueño más de lo que a veces parece. La cafeína puede seguir activa muchas horas; el alcohol rompe el descanso profundo; la nicotina estimula; y las cenas pesadas muy cerca de la hora de dormir tampoco ayudan. No hace falta dramatizar, pero sí revisar costumbres muy arraigadas.
7. Si no mejoras, no te limites a tener higiene del sueño: pide ayuda
Este es uno de los cambios más importantes frente a muchos artículos antiguos. La higiene del sueño ayuda, sobre todo en problemas leves o como base, pero en el insomnio crónico suele quedarse corta por sí sola. Hoy sabemos que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio es la opción más eficaz como tratamiento de primera línea en adultos. Eso incluye técnicas como control de estímulos, restricción del tiempo en cama, trabajo sobre pensamientos relacionados con el sueño y estrategias de relajación.
Secuencia de relajación que puedes probar antes de dormir
Una forma sencilla de preparar el cuerpo para el descanso es combinar respiración lenta, relajación muscular progresiva y una breve visualización. No hace falta hacerlo perfecto ni convertirlo en un ritual rígido. La idea es mucho más simple: enviarle al sistema nervioso una señal clara de que la parte activa del día se ha terminado y de que ya no necesitas seguir en estado de alerta.
Empieza tumbándote en la cama o sentándote en una postura cómoda, con los hombros sueltos y la mandíbula relajada. Cierra los ojos si te resulta agradable y lleva la atención a la respiración, sin forzarla. Haz tres o cuatro respiraciones suaves por la nariz. Deja que el aire entre de forma natural y procura que la exhalación sea un poco más larga que la inhalación. Por ejemplo, puedes inhalar contando mentalmente hasta cuatro y exhalar contando hasta seis. No se trata de llenar al máximo los pulmones, sino de respirar con calma y sin prisa.
Cuando notes que el ritmo empieza a bajar un poco, recorre el cuerpo por zonas. Empieza por los pies. Contrae suavemente los músculos durante uno o dos segundos y después suéltalos del todo. Haz lo mismo con las pantorrillas, los muslos, la zona del abdomen, las manos, los brazos, los hombros, el cuello y la mandíbula. La contracción debe ser ligera, no intensa. Lo importante no es apretar mucho, sino notar mejor la diferencia entre tensión y relajación.
Al soltar cada zona, intenta percibir cómo pesa un poco más, cómo cae hacia la cama o cómo deja de sostener una tensión que a veces mantenemos sin darnos cuenta. Si descubres que una parte del cuerpo sigue tensa, no la fuerces. Basta con volver a ella en la siguiente exhalación y dejar que se afloje un poco más.
Después de este recorrido, mantén la respiración tranquila durante uno o dos minutos más. En ese momento puede ayudarte añadir una imagen mental sencilla y serena: una playa vacía al atardecer, un bosque en silencio, una habitación iluminada con luz cálida o cualquier escena que tu cabeza relacione con calma, seguridad y quietud. No hace falta construir una película entera. Basta con una imagen estable, sin esfuerzo y sin demasiados detalles.
Si durante la secuencia aparecen pensamientos, preocupaciones o la típica sensación de “debería estar durmiéndome ya”, intenta no pelearte con eso. Simplemente vuelve a la respiración, a la sensación del cuerpo apoyado y a la imagen tranquila que hayas elegido. La relajación previa al sueño no consiste en obligarte a dormirte, sino en dejar de empujar en la dirección contraria.
Puedes dedicarle cinco minutos o alargarla algo más si te sienta bien. Hecha con regularidad, esta secuencia puede convertirse en una transición bastante útil entre el ritmo del día y el momento de descansar.
Cuándo conviene consultar con un profesional
Conviene pedir ayuda si el problema dura más de tres meses, si aparece varias veces por semana, si te deja hecho polvo durante el día, si sospechas apnea del sueño por ronquidos intensos y pausas respiratorias, si hay dolor, ansiedad, depresión o piernas inquietas, si dependes del alcohol o de pastillas para dormir, o si has probado cambios razonables y no mejoras.
También merece la pena consultar antes si el cansancio es llamativo, si conduces con sueño o si el problema afecta claramente a tu trabajo o a tu vida diaria. No todo insomnio se resuelve igual, y no todo debería manejarse solo con consejos generales.
Dormir bien también se entrena
No todo insomnio se resuelve con fuerza de voluntad, pero sí es verdad que el sueño mejora cuando el cuerpo recibe señales consistentes: horarios razonables, menos ruido mental a última hora, más movimiento durante el día, un dormitorio que invite a descansar y menos improvisación. En esa base, una práctica física segura, progresiva y bien adaptada puede ayudar bastante más de lo que mucha gente cree.
En Alameda Studio sabemos lo valioso que es hacer ejercicio de forma segura y adaptada a cada persona. No porque el Pilates cure el insomnio por sí solo, sino porque puede ayudarte a respirar mejor, liberar tensión, moverte con más calidad y sentirte mejor en tu cuerpo. Y eso, cuando se sostiene en el tiempo, también puede mejorar tu descanso. Si quieres comprobarlo, te invitamos a conocer nuestras clases de Pilates en Santander.
¡Nos vemos en clase!
Fuentes científicas y médicas
- Riemann D, Baglioni C, Bastien C, et al. The European Insomnia Guideline: An update on the diagnosis and treatment of insomnia 2023. Journal of Sleep Research. 2023.
- MedlinePlus. Insomnia. U.S. National Library of Medicine.
- National Heart, Lung, and Blood Institute. Insomnia.
- National Heart, Lung, and Blood Institute. Healthy Sleep Habits.
- Centers for Disease Control and Prevention. About Sleep.
- Ho DCH, et al. Approach to fatigue in primary care. Singapore Med J. 2022.
- Maisel P, et al. Fatigue as the Chief Complaint: Epidemiology, Causes, Diagnosis, and Treatment. Dtsch Arztebl Int. 2021.

Fran J. Cousillas
Codirector de Alameda Studio Pilates. Titulado en danza clásica, formado en Pilates por Polestar y especializado en biomecánica aplicada, nutrición y movimiento consciente.
He dedicado casi tres décadas a enseñar movimiento con rigor técnico y mirada crítica. Escribo sobre lo que aplico en el día a día en mis clases y sobre todo lo que la ciencia aporta al movimiento, la salud y el cuerpo humano.


